PUTIN NOS EMPUJA HACIA UN INFIERNO NUCLEAR

Por Dora Amador

Nota del editor: Dora Amador es periodista. Fue columnista de El Nuevo Herald por 20 años. Redactora de noticias y editora de redacción de reportajes en los noticieros de las 6 pm y 11 pm del Canal 23 de Miami. Fue documentalista del Canal 23 y del 51. Ha ganado cuatro Emmy por sus documentales “Cuba: del trauma al triunfo”. “Historia del exilio cubano 1959-1989″ y “La crisis de octubre”. En El Nuevo Herald fue ganadora del premio “Guillermo Martínez Márquez Excellence in Journalism Award”. Es autora del libro “La sonrisa disidente”. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Mira más en cnne.com/opinión

(CNN Español) — Dos frases dichas el 3 y el 4 de marzo por dos líderes políticos de gran peso mundial me han causado pavor. Podría ser por la explosiva situación que vemos día a día con la crudeza de la realidad que transmiten las cadenas de televisión de la guerra de Ucrania, pero no parece ser así. Lo que dijeron Sergey Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, y Emmanuel Macron, presidente de Francia, es para cualquier persona que tenga un ápice de conocimiento político o simple sentido común, motivo de gran temor. Lavrov aseguró que la única alternativa a las sanciones impuestas contra Rusia sería la Tercera Guerra Mundial y que esta implicaría el uso de armas nucleares.

Para que tengamos idea del terror que quiere causar Vladimir Putin –quien ha puesto ya en estado de alarma y exhibido ostentosamente sus armas nucleares–, tengamos muy en cuenta que Rusia tuvo el arma nuclear más poderosa: se llamaba Zar y se estima que tenía una potencia de 50 megatones, muy superior a las que estallaron en Hiroshima y Nagasaki.

Si complementamos lo anterior con el comentario hecho por el presidente de Francia, no hay duda de que se dispara la alarma. “Lo peor está por llegar”, afirmó Emmanuel Macron. Esto lo dijo después de hablar por teléfono con Vladimir Putin por 90 tensos minutos.

Rusia ha logrado penetrar Ucrania y entre sus objetivos parece estar el de dar un golpe de Estado y colocar en el poder a un Gobierno títere a favor de Putin, como el de Aleksandr Lukashenko en Belarús. Posiblemente, asesinando al actual presidente Volodymyr Zelensky.

No deja de resultar cínico uno de los más fuertes pretextos que ha dado Rusia para atacar a Ucrania: que quería “desnazificar” al país, porque, según decía, el nazismo estaba floreciendo en ese país. No mencionan que Zelensky es judío. Y fue el mismo presidente ucraniano quien le mandó a decir a Putin que estaba asesinando a sobrevivientes del Holocausto. Pero, vamos, ¿cuándo le ha interesado al gobernante ruso la verdad? Es experto en mentiras, golpes de Estado, imposición de dictadores, control, como todo buen agente, que lo fue, de la KGB soviética.

El valiente mandatario ucraniano, que se ha vestido de soldado listo para enfrentar las tropas rusas, hizo un emotivo y urgente llamado de alerta a Europa la noche del 4 de marzo, cuando Putin ordenó atacar Enerhodar. Ahí está la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa y una de las 10 más grandes del mundo. Durante ese ataque, se desató un incendio que por buen rato tuvo al mundo en vilo viendo aquello y temiendo que las llamas surgieran de un reactor nuclear. Afortunadamente, el fuego aunque muy cerca, fue en los perímetros fuera de la planta y pudo ser controlado.

El presidente Zelensky acusó al Ejército ruso de atacar deliberadamente el complejo nuclear de Zaporiyia, y dijo que una explosión allí sería “el fin para todos, el fin de toda Europa”. En un video de un minuto de duración publicado en las redes sociales, Zelensky agregó: “Solo las acciones inmediatas de Europa podrían detener al Ejército ruso”.

El Tribunal Penal Internacional ha iniciado una investigación sobre la situación en Ucrania para determinar si se han cometido crímenes contra la humanidad, algo que a Vladimir Putin parece importarle poco, por supuesto. Pero yo creo que sí, pues si se ha usado la bomba termobárica contra la población civil, eso podría ser considerado un crimen de guerra bajo la Convención de La Haya. CNN vio lanzadores de cohetes termobáricos en la frontera con Rusia, pero aún no hay pruebas de que estas armas hayan sido usadas en el conflicto.

Los efectos sobre las personas expuestas a esta bomba son terribles, debido a que la nube gaseosa que se forma primero puede filtrarse por todas partes, como edificios, trincheras y búnkeres, y luego llega el segundo explosivo que enciende la nube y provoca una explosión masiva y duradera con enormes efectos destructivos y consecuencias aterradoras.

Cómo no recordar las palabras de la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Madeline Albright, en un artículo que escribió para The New York Times el 23 de febrero, titulado “Putin está cometiendo un error histórico”. Dice Albright: “Putin habló sin emociones y sin notas sobre su determinación de reanimar la economía de Rusia y sofocar a los rebeldes chechenos. Durante el vuelo de regreso a casa, registré mis impresiones. ‘Putin es pequeño y pálido’, escribí, ‘tan frío que parece casi un reptil’. Dijo [Putin] entender por qué el Muro de Berlín tuvo que caer, pero no esperaba que toda la Unión Soviética se derrumbara. ‘Putin está avergonzado por lo que le pasó a su país y está decidido a restaurar su grandeza”.

He ahí el infierno nuclear al que nos está empujando Putin si después de Ucrania, se empeñara en invadir y ocupar países de la OTAN. Que no quepa duda de que sería la Tercera Guerra Mundial y acaso, la final.

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